25 septiembre, 2014

Península de Araya: Un viaje al desierto oriental

   Desde las salinas agarramos un taxi hasta Manicuare (lo que el chamo no se dió cuenta es que todos teníamos los zapatos llenos de barro porque habíamos intentado llegar hasta las salinas pero no pudimos).  Resulta que el chamo del taxi no se dio cuenta y nos llevó por 70 bolos regateados. Ya en Manicuare hicimos la colita para comprar el ticket para ir al “tapaíto”, duramos más o menos 15 minutos. Cuando vayan en temporada alta a Araya, vayan tempranito  a agarrar el tapaíto para que se puedan devolver temprano. Una recomendación que les doy y que se que me van a agradecer es que traten de pasar al menos una noche en Araya. Hay varias posaditas en Playa el Castillo, sé que hay una que se llama Helen y otra Araya Mar. En Punta Arenas, que nos recomendaron que conociéramos pero no pudimos por falta de tiempo, hay otras posadas.




   Ya a eso de las 4 agarramos el tapaíto, llegamos en media hora o no sé si fue una hora, el calor dentro del bote era infernal, te podías asar allí adentro, por eso se nos hizo lejísimo. Ya en Cumaná nos sobraba parte de la tarde y no sabíamos que hacer…nos recomendaron que conociéramos el Centro Comercial Marina Plaza que está al lado del malecón y eso hicimos. Hay dos maneras de ir desde el muelle hasta el Marina Plaza. Una de ellas es con el BusCumaná, son autobuses vinotinto que puso a funcionar el gobierno hace poco en casi todas las capitales del país, lo único malo es que si vas a estar de turista por dos o tres días con un grupo de cuatro te sale mejor pagar taxis que son más económicos porque la única manera de ir en esos buses en Cumaná es comprando una tarjeta multiviajes de 70 Bs. Por caridad, si alguien del Ministerio de Turismo me está leyendo, le pido que hagan rutas turísticas con los autobuses Yutong en todos los estados. La otra manera más fácil y cómoda es en taxi que en Cumaná son bien baratos.

   Ya en el Marina Plaza, recorrimos el centro comercial…es buenísimo ir en la tarde porque el atardecer se ve impresionante desde los café y restaurantes que dan hacia la marina. Es un centro comercial al aire libre, como deben ser en un país con clima tropical.

   Salimos de allí y conseguimos una cola con un bus que no estaba prestando servicio pero que iba a pasar por el centro. Nos dejaron montarnos y arrancamos. Llegamos a la posada rapidito para el siguiente día arrancar para la Península de Paria donde nos esperaba una de las mejores parte del viaje.

   En la mañanita arrancamos para el terminal buses de Cumaná. En la Plaza Ayacucho en pleno centro pasa la ruta que va directo. Algo extraño que noté en Cumaná es que en los buses está prohibido que hayan personas de pié, si no hay asientos, nadie más puede subir. Aprovecha de ver la estatua del Gran Mariscal de Ayacucho en la plaza, estás en su ciudad natal.

   Llegamos al terminal a eso de las 10 am y resulta que el único autobús que sale para Carúpano en la mañana, ya había salido. Solamente sale uno en la mañana y otro en la tarde. Lo que siempre hay es carrito por puesto, había directo para Carúpano y otro que llega hasta Casanay, un pueblo muy cerca de Carúpano. Preferimos ir hasta Casanay para conocer más. Resultó mejor, el Sr. Orlando nos llevó y fue como un guía turístico en todo el viaje. Nos dijo nombre de playas y pueblos, nos dejó bajarnos en San Antonio del Golfo para comprar algo de comer y para tomarnos fotos con los pelícanos y de paso, antes de llegar a Casanay nos dejó bajarnos en la entrada de las Aguas de Moisés a tomarnos fotos también.

                       



   Mi recomendación es que hablen lo más que puedan, hablen con la gente, a la Sra. que prepara las arepas, díganle que les quedaron buenas. Es un privilegio estar en el oriente del país y que se conserve aún la amabilidad y generosidad de esta gente buena.

   Llegamos por fín a Casanay, de allí el mismo Sr. Orlando nos cuadró un carrito hasta Carúpano donde agarramos otro hasta Río Caribe. Carúpano queda a media hora (o menos) desde Casanay, allí fuimos hasta la parada de carritos que salen hasta Río Caribe. Si tienen un chancecito, vayan a conocer el mercado de Carúpano. Tienen que saber que lo genuino de un pueblo se conoce a través de sus mercados y al hablar con su gente. El mercado de Carúpano es uno de los mercados de pescado más grandes que conozco. Venden de todoooo. Pargo rojo, cazón, curbina, mejillones, raya y todo lo que te puedas imaginar. Lleva zapatos cerrados sino te quieres llenar los pies de agua que no está nada limpia. Fuera del terminal venden las mejores empanadas de chicharrón carupanero. Pruébenlas porque sí.

   Como les venía contando, en la parada de carritos de Río Caribe nos fuimos con el Sr. Alejandro, le pedimos para tomarnos una foto en plena carretera y nos bajamos. Desde que pisas la carretera saliendo de Carúpano estás entrando a la península de Paria. Bienvenido.



   Ya en Río Caribe, un pueblito de pescadores, con las calles muy arregladas, con un mercado que abre todos los santos días del año y gente amabilísima, el Sr. Alejandro nos dejó en una posada que ya habíamos reservado. Queda cerca de la plaza Bolívar, como a siete cuadras desde el malecón. La posada es atendida por Arlet, una inmigrante suiza que yo diría que es más venezolana que la arepa. Hasta ella misma dice que es bautizada riocariloca (La gente dice que Río Caribe es el pueblo de los locos, al final no supimos por qué), tú vas a cualquier sitio en el pueblo y la conocen, hasta en las playas tiene amigos.

   Nos asentamos en la posada, comimos algo que traíamos en los bolsos y salimos para ir a una playa cerca del pueblo, se llama Playa Los Cocos y al ladito de la playa está un senderito que lleva a Playa La Iguana, son excelentes las dos. Playa Los Cocos tiene kioskos con servicio de toldos y restaurantes. Si quieren estar solos, vayan a Playa La Iguana, es muy solitaria y mucho más pequeña que Los Cocos. Si siguen el sendero verán una puerta que construyeron para cerrar el paso, le creció una enredadera y detrás en un uvero colgaron un columpio. Es igualito a las películas.





   Estuvimos allí hasta la tarde y le pedimos la cola a un señor que iba a Río Caribe, lo conocimos en un kiosko que no recuerdo el nombre. Es uno de los últimos de la playa. Siempre en mis viajes llevo una libreta, allí anoto todo. Hay veces que me da mucho fastidio sacarla del morral o hay veces que ni la cargo encima y dejo de anotar. Bueno, lo cierto es que nos dio la cola el Sr. Germán, amigo del Sr. del kiosko y nos contó que su hijo juega con los Leones del Caracas en ligas menores. Le dijimos que cuando esté en las mayores, nos acordaremos de él.



   Llegamos a Río Caribe de nuevo y fuimos a caminar por el muelle. En el muelle conocimos a Goyo, el hace paseos en peñero a cualquier playa de Paria que le pidan. Pregunten por él en el muelle y sabrán decirles.

   Fuimos a donde Arlet y dejamos los morrales para recorrer el pueblo, se nos hizo tarde, ya eran como las 10 de la noche y nosotros sin cansancio nos fuimos a comer perros detrás de la plaza. Son buenísimas las hamburguesas, pruébenlas con todo.

   Ya en la posada dormimos y descansamos para el día siguiente día seguir conociendo este estado.

   No había podido publicar otro artículo porque he tenido problemas con el internet en mi casa, ya podré seguir escribiendo más seguido, discúlpenme esa. Lo que sigue después de todo esto que les acabo de contar es nuestra aventura por la Ruta del Cacao en Chacaracual, saliendo de Río Caribe y nuestro muy corto viaje a las playas de Paria, en unas playas donde uno va a dejar su corazón porque sales enamorado de tanta belleza junta y donde es difícil irse sin lágrimas en los ojos...






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