23 mayo, 2015

Mi encuentro con las tortugas de Paria

   Hola, en este post les contaré mi experiencia con las tortugas marinas, las gigantes que llegan a las costas de la península de Paria a desovar. Quería aprovechar este día en especial para publicar mi artículo sobre las tortugas ya que es el Día Mundial de ellas. Espero que les guste, se sorprendan y dejen sus comentarios.

Despidiendo una tortuga

   Duré ocho meses esperando por verlas desde el primer viaje que hice al estado Sucre, un estado de gente amable y que habla rapidísimo.  Desde ese viaje quedé impaciente, con más ganas de conocer, con más sed de aventura.

   Yo volví porque algo me lo decía. Me decía en mi mente que tenía que volver desde un día que estuvimos en Agosto en playa Pui-Puy y Anthony, un chamo que vigila las cabañas que sirven de posada en la playa me contó que las tortugas Cardón llegan a las playas de Paria a desovar entre los meses de Abril y Junio. Resulta que mis vacaciones coincidieron con estos meses y me fui a finales de Abril, un poco desesperanzado porque llegaba a pensar que no lograría ver ninguna. A pesar de eso seguía en pié mi insistencia y como les dije antes, algo me decía que tenía que irme.


Así de insólito es Sucre
  Primero me comuniqué con el Centro de Investigación y Conservación de Tortugas Marinas (CICTMAR) coordinado por Hedelvy Guada con quien me comuniqué para estar seguro que estaba yendo en la fecha correcta y para que me diera todas las indicaciones necesarias para no interrumpir el desove de las tortugas. Gracias a Hedelvy me fui con la seguridad que no les haría daño ni interrumpiría el desove y que si tenía suerte, en Pui-Puy, me encontraría con una bióloga de la fundación.

Luego de eso empecé a preguntar a muchos si me querían acompañar, a Henry, Vanessa, Katherine, Geomar, Mariel, Miguel…lo cierto es que ninguno de ellos pudo ir pero el que siempre estuvo dispuesto y nunca puso peros fue Eduardo, con quien fui con la condición de que yo iba exclusivamente a quedarme en alguna playa donde fuera seguro el desove  los día que fuesen necesario para verlas.

   Después de todo esto y con poco dinero mi viaje a Paria comenzó. Desde Valencia salimos de noche hasta Carúpano, donde agarrariamos hacía Río Caribe, puerta de entrada a las insólitas playas de la península de Paria, donde el verde frondoso cae al mar como abrazándolo.

  Desde Río Caribe, un pueblito pintoresco de casas coloniales y abuelitos sentados en las aceras con sus sillas de esterilla, con su mercado que desde bien tempranito puedes conseguir un pescado fresquísimo, donde los atardeceres te dejarán con la boca abierta y desde donde sale el transporte que te llevará a Medina, Pui-Puy o si quieres ir más allá, a Cangua, Querepare y después de San Juan de Unare hasta Sipara.

   Ya montados en la “perrera”, un tipo de transporte bien particular dónde vas sentado en banquitos protegidos con un techo en la parte de atrás de camiones tipo Pick-Up que a veces para pedir la parada tienen un timbre en el techo, salimos para playa Pui-Puy a eso de las 11 de la mañana.

El calor era infernal, la sequía se estaba empezando a sentir. Cuando sentía las gotas de sudor en mi cara me sentía en un sauna natural solo que con vista VIP a la carretera llena de vegetación que cruza la península de Paria hasta San Juan de Unare.
El señor que manejaba la perrera es un señor relativamente mayor que maneja muy lento, por eso es que la brisa no se sentía tanto, a pesar de ser el peculiar transporte destapado por todos lados.

Cuando por fin llegamos a Pui-Puy me volvieron muchísimos recuerdos a mi mente. Recuerdo cuando fui con Vane, Henry y Maitwish y decidimos acampar sin sobretecho. Estábamos acostados en la arena y con todo el campamento armado en la playa, cerca del mar y comenzó a caer un palo de agua. Imagínense la locura.

Esto es Pui-Puy. Un paraíso

Esta vez en la playa, que considero mi favorita del país no solo por ser bonita sino porque le tengo aprecio a la gente que he logrado conocer allá, nos agarró la temporada seca, sin lluvias. Estuvimos un total de cuatro noches y solamente dos armamos campamento, las otras dos dormimos con los sleeping sobre el aislante que colocamos en la grama típica que tienen las playas de Paria.

En fin, vamos a las tortugas, por eso quise escribir esto y me imagino que ustedes también están ansiosos por saberlo todo sobre ellas.

   Ya cuando llegamos nos instalamos a cocinar una sopa de pescado hecha con ají dulce, ajo y limón para tener energía para patrullar toda la noche en busca de las tortugas marinas.

Ese día buscamos a Juan, el encargado de cuidar las Cabañas de Pui-Puy y de mantener el vivero con los tortuguillos. Los viveros son especies de corrales donde con todo el cuidado del mundo colocan los huevos que la madre ya desovó, para mantenerlos fuera de todo peligro al momento que decidan nacer.

Hablando con Juan le comentábamos que hablando con Hedelvy, nos dijo que fuéramos a Pui-Puy ya que allí se encontraba una bióloga de la fundación patrullando la playa. Resulta que la famosa bióloga que andábamos buscando, ya se había ido. Era hora de tomar el control del patrullaje, una tarea poco fácil ya que no se duerme en toda la noche caminando la playa de punta a punta.

A eso de las 7:20 del primer día comenzamos el primer patrullaje. Yo me sentía asustado por el hecho de que estaba en busca de un monstruo gigante en medio de la oscuridad con una linterna mínima. Eso me generaba una especie de expectativa alta de que me iba a asustar al momento que viera una cosa tan gigante moviéndose. Llevaba encima mi cámara, sus accesorios de pecho y cabeza para tener las manos desocupadas al momento de observarla y dos linternas, una de luz roja para alumbrar al momento de estar con la tortuga y una de luz blanca con la que patrullaba.

El primer patrullaje fue fallido y nos fuimos a dormir. A las 9 seguimos y tampoco dio con resultado. Juan mientras pescaba con su carrete nos decía que no nos apuráramos porque ellas salían al ocultarse la luna, a eso de las 12 de la noche.

Decidimos volver a dormir y salir a las 11:53pm. Recorrimos la playa hasta la punta del lado izquierdo y no vimos nada pero al regresar en un momento Eduardo me dice “miraaa” tan entusiasmado que lograba ocultar el miedo que sentía por estar en ese momento allí, de noche y pensando que nos podía salir alguien. ¡Era una Tortuga! Una tortuga Cardón, gigante, inmensa, indefensa. Al momento de verla lo que pasó por mi mente solo era agradecer a Dios y a la naturaleza por permitirme estar allí, por dejar que viera cosa tan impresionante. Estaba impactado. Al momento de mirarla por primera vez confieso que me generó un poco de susto, no sabía qué hacer. Lo que hicimos fue apagar las linternas de luz blanca y dejar las rojas. Ella estaba excavando o como le dicen en oriente “covando” su nido, pero lo estaba haciendo muy cerca de la orilla por eso al terminar su nido, se le inundó. Paciente, lo volvió a hacer y se le volvió a tapar con la ola. Decidió voltearse e irse. Sin notar que allí estábamos viéndola, impresionados y atónitos por verla por primera vez. Los hoyos que ellas hacen para desovar son una especie de cilindro perfecto que excavan con sus aletas traseras que utilizan como una especie de pala. Tienen tanta fuerza que el hoyo que hacen puede medir como el tamaño de un brazo completo.

La primera que vimos
"Covando" el hoyo
Así respiraba

Al irse la tortuga que con un intento fallido de colocarle un nombre que no resultó, me sentí por un momento huérfano y solo. Ella había durado con nosotros una hora aproximadamente y estar de nuevo sin ella fue muy triste. Mis ansias por ver más tortugas quedó intacta y mi meta ahora era presenciar un desove, ver como ellas con su instinto materno protegen cada huevo para hacer que nazcan y vayan al mar libres e indefensas.

Nos fuimos a dormir de nuevo y a las 3am fuimos a patrullar de punta a punta sin ningún resultado. Aun asi estaba agradecido. La logré ver. Logré ver a la tortuga marina más grande del mundo, a la tortuga Cardón o Laúd. La única tortuga que se puede sumergir hasta 1000m de profundidad, llegar al Ártico y al Antártico, ser viajeras longevísimas que cuando llega la temporada de reproducción y desove, viajan kilómetros solo para desovar y asegurarse de que sus tortuguillos, sus hijos, estén a salvo.

A la noche siguiente llegamos de Playa Medina. Pui-Puy era nuestro punto de encuentro, salíamos en el día y volvíamos por la tarde. Si quieren ir desde Pui-Puy hasta Playa Medina caminen desde la playa hasta el caserío y contraten un mototaxi que los lleve. El transporte es escasísimo.

Al llegar en la tarde notamos que a las cabañas de Pui-Puy, donde trabaja Juan, había llegado una familia y ya no éramos los únicos en la playa. Nosotros como buenos mochileros, sacamos nuestra cocinita y decidimos hacer arepas fritas mientras caía el atardecer más bonito. Con morado, rojo, anaranjado y amarillo el sol se despedía. Eduardo tomaba fotos mientras yo freía con cuidado de no quemarme. En un momento de silencio, el avistador de tortugas oficial, Eduardo, vio saliendo del mar, con pleno atardecer montado, una tortuga inmensa de caparazón negro, estaba buscando por donde salir hasta que salió.

Una foto que tomé antes que saliera


Vimos como salían los nuevos huéspedes corriendo, acercándose a la tortuga. Salió José, otro de los personajes orientales que cuidan las cabañas y a las tortugas diciendo “no se acerquen, véanla desde lejos”. Eso hicimos, pero a medida que caía la noche y la tortuga inmensa daba y daba vueltas como arando la arena para poder empezar a “covar”, nos fuimos acercando.

Esta tortuga no dejaba de arar, duró casi una hora solo en eso hasta que empezó a hacer el hueco para desovar. Terminó de excavar y  se quedó inmóvil. Con la linterna alumbrábamos para ver si estaba desovando. Ella pujaba y pujaba, hacía el intento pero desde su cloaca solo salía un líquido gelatinoso y baboso. No salía ningún huevo. Después de unos minutos ella empezó a tapar el hueco que ya había hecho. Me sentí mal por ella y por mí que quería ver el desove por primera vez. Aun no perdía mis esperanzas por verlo. Ella luego de tapar, hizo como si fuera a excavar en otro lado cerca de donde lo hizo por primera vez pero era como para despistar. Para mí, ella pensaba que ya había desovado o por lo menos su instinto la hace seguir ese esquema de protección que hacen todas las tortugas luego de desovar.

Son inmensas y hacen un ruido extrañísimo para respirar

Ella se fue. Con todo el dolor del mundo la despedimos. Juan, quien se encarga de protegerlas en Pui-Puy, nos dijo que si queríamos tomar alguna foto con uso de flash lo podíamos hacer cuando ya estuviera a centímetros del mar al irse. De lo contrario, ella se desorientaría y tomaría otra vez hacia la arena. Tomamos como cinco o seis fotos y ella se fue. Ya que tengo la oportunidad, les contaré la confusión que tuvimos con el uso de luz blanca.

Hedelvy es la encargada del proyecto junto con la fundación en la Península de Paria. Yo me contacté con ella vía twitter y me dio las indicaciones, entre ellas me advirtió que usara luz roja y si no tenía linterna con luz roja, que le colocara papel celofán para que hiciera ese color. Cuando llegamos a Pui-Puy y le preguntamos a Juan por la bióloga que estuvo en la playa, nos comentó todo con punto y coma de lo que había hecho ella allí. Nos dijo que cuando llegó la tortuga que ella logró ver, midió más de dos metros, le midieron las aletas, la cola y revisó si tenía alguna cicatriz. Me comentó que le tomaron fotos con luz blanca pero luego que ella desovó. Por esta razón fue que lo hice, me guié por lo que Juan había visto hacer a la bióloga. Lo que les digo es que si llegan a ir a Paria a ver estas gigantes, no utilicen luz blanca, solo luz roja, cuando yo lo hice no sabía del todo si se podía o no y lo cierto es que no se puede ni debe hacer porque esto las desorienta incluso cuando están dentro del agua.

Luego que se fue, nos fuimos a terminar de comer, freímos las arepas y de la emoción ya ni hambre teníamos. Decidimos luego de comer, seguir patrullando. Les confieso que no era una labor fácil, lleva su tiempo, genera cansancio, el sueño llega pero al encontrarte con una tortuga se te quita todo lo que tienes, no sentirás ni sueño, ni hambre ni ninguna otra cosa que no sea felicidad. Se te llenará el corazón de amor al ver a estas madres llegar a la orilla.


En esta primera parte quiero que queden con el suspenso. Lo que les adelanto es que sí logré ver el desove de dos tortugas distintas y tuve la oportunidad de estar en la playa donde por estadística desovan más tortugas al año en el país. En este día especial, el Día Mundial de las Tortugas, ya sean marinas, terrestres, de agua dulce, quiero que te sensibilices y te des cuenta que son especies, en su gran mayoría, en peligro crítico de extinción. En el caso de la tortuga Cardón (Dermochelys coriacea) está en peligro crítico y sin ellas no hay cadena alimenticia que regule la cantidad de medusas en nuestros mares. Para todo debe existir un equilibrio y queda de nuestra parte que exista y las tortugas sigan existiendo por millones de años más. 

Un amanecer en Pui-Puy en búsqueda de huellas


6 comentarios:

Unknown dijo...

¿2 metros? Que impresionante, me encantó haber leído tu experiencia quiero vivirla yo también!! A veces los venezolanos estamos ciegos y no podemos ver las maravillas naturales que tenemos alrededor. Increíble! Y la playa es hermosa.

Unknown dijo...

¿2 metros? Que impresionante, me encantó haber leído tu experiencia quiero vivirla yo también!! A veces los venezolanos estamos ciegos y no podemos ver las maravillas naturales que tenemos alrededor. Increíble! Y la playa es hermosa.

Unknown dijo...

Hola Amigo Mochilero, soy la Bióloga Eneida Fajardo, por cosas de la vida pude leer tus líneas, muy interesante lo que viviste, te felicito por dedicar parte de tu tiempo en documentar tus vivencias y con bastante fundamento, puesto que lo que escribes está muy bien. Quiero aclarar que cómo Bióloga, especialista en el trabajo en playas de anidación de tortugas marinas desde el año 2004 no tomo fotos de noche y menos con luz blanca, estos señores que cuidan la posada y que tienen experiencia empírica hacen comentarios muchas veces falsos, como el caso de medir las aletas de la tortuga o la cola o tan delicado como autorizar a tomar fotos con luz blanca porque yo lo hago (según él), muchas gracias por aclarar que esto no se debe hacer y por otro lado sé que tengo que conversar éste tema con el equipo que labora en la posada.

Por otro lado te comento que la tortuga que viste con ese comportamiento poco usual es común en las hembras neófitas o principiantes,

Eneida Fajardo

Anónimo dijo...

Otro detalle importante antes de publicar el nombre completo de una persona te recomiendo lo consultes y más si es para algo algo tan delicado, me estás desacreditando como profesional espero puedas eliminar las líneas asas, gracias.

Eneida Fajardo

Unknown dijo...

Hola Eneida, que excelente que pudiste leer la historia de mi encuentro con mis animales favoritos porque de verdad, son sorprendentes. Mil disculpas si te nombré en mi artículo, quise explicar como había llegado y lo que me había pasado porque en un principio te andaba buscando a ti, quería poder ver a las tortugas Cardón junto a un bioólogo de la fundación CITMAR. Admiro mucho tu labor, se que eres una excelente profesional y espero puedas hablar con los que administran la posada en Pui-Puy. Un abrazo y espero algún día poder ver tortugas junto a ti o cualquier otro biólogo de la fundación en Paria.

Anónimo dijo...

Hola Gustavo, este año estaremos laborando en Puipuy, me puedes contactar y organizar fechas.


Abrazo, Eneida.